Tuesday, August 30, 2011

¡Entren Que Caben 100!...y de paso cóbrales la luz del letrero de afuera...


"Oiga, traígame la cuenta por favor, y el guardia".

Quién no ha escuchado o llegó a repetir esta frase muy peculiar luego de disfrutar de una cena con su familia de 10 integrantes. So pena de ser arrestado por no pagar la cuenta se le solicita cortesmente al mesero ambas cosas: la cuenta y el guardia, dispuesto a fregar la infinita cantidad de platos y utensilios si el salario bisemanal no cubre la inflada cuenta de la cena. Pero había que celebrar, no todos los días los patriarcas de la familia cumplen 50 años de aniversario de bodas.

Ese pedacito de papel le dice a usted mucho más de lo que usted está dipuesto a saber. Le dice que la cervecita que usted se toma en el kiosquito de la esquina a $3.75 en un "happy hour" eterno acá se la toma por $5.50, puesto que hay que pagar la gasolina del suplidor que la trajo, la elecricidad del refrigerador que la vistió de novia y hasta el trabajo arduo que pasó el bartender para descorcharla y de paso a la mesera que se la trajo de mala lid. Y si se la toma en un hotel, ni se diga. Más vale la cervecita le dure lo que el aperitivo y la cena, luego a ordenar H2O.

Ese pedacito de papel le dice a usted que el gobierno central (y el local) le ha de hacer un cargo adicional. Porque hay que reparar la carretera por donde el suplidor condujo para hacerle llegar la cervecita. Hay que pagar, pagar y pagar y no se olvide de la mano extendida del mesero, "no se puede estifiar".

Pues bien, ese pedacito de papel que le augura en una mesa de 10 comensales que ha de pagar la cena, la bebida, el IVU y la propina ahora le ha de recordar que hay un ajuste de combustible que también hay que pagar. Que ya usted lo pagaba, no se crea. Para eso los restaurantes hacen sus presupuestos: en usted recae los platos rotos por el lavaplatos, las copas estilladas por los meseros, los cubiertos robados por clientes o los saleros y pimenteros que inadvertidamente se fueron en los bolsillos de la cajera.

Pero la pregunta de rigor ante tanta "honestidad" por parte del dueño del restaurante es si realmente es necesario que ese pedacito de papel sea tan revelador. Como restaurantera, ¿quiero yo atraer más clientes a mi establecimiento o no? ¿Quiero hacer de la experiencia de mi cliente una memorable? ¿Quiero que le cuente a otros lo fabuloso de la cena? ¿O quiero que todo eso se pierda porque fue opacado por un cargo por servicio de un servicio ya pago?

Juzquen ustedes. Eso se presta para "bad, reallly bad, word-of-mouth". Y como diría en perfecto americano: "Do I need this?"

2 comments:

Anonymous said...

Totalmente de acuerdo...Muy mala esa decision del dueño. Le estas haciendo un gran favor al no mencionar el negocio¡

Anonymous said...

Favor? No chic@ si eso fue gritado a los cuatro vientos por El Nuevo Día es el Club de las Cotorras....

Jess!